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diciembre 4, 2021
Entrevistas

Ricardo Zelaya, a propósito de su último libro: “El más grande daño que le ha hecho el MAS a Bolivia es haberla desideologizado”

Mario Cañipa Vargas – TalCual.bo

La Tesis de Pulacayo, el planteamiento ideológico más sólido y vanguardista del que la historia de la lucha obrera latinoamericana tiene memoria, es, sin duda, uno de los legados más importantes de quien fuera el líder del Partido Obrero Revolucionario (POR) desde los años 40 hasta su desaparición, Guillermo Lora.

“El proletariado se caracteriza por tener la suficiente fuerza para realizar sus propios objetivos e incluso los ajenos. Su enorme peso específico en la política está determinado por el lugar que ocupa en el proceso de la producción y no por su escaso número. El eje económico de la vida nacional será también el eje político de la futura revolución”, dice, entre otras decenas de planteamientos de igual o mayor profundidad, este documento.

Aprobada en noviembre de 1946 justamente en Pulacayo, una tan legendaria como pequeña localidad del departamento de Potosí, esta tesis ha sustentado ideológicamente la enérgica lucha de los mineros bolivianos durante la segunda mitad del siglo pasado y ha ordenado, de diversas maneras, su causa, de la que tanto se ha escrito a nivel mundial.

Lora (1922 – 2009) ha dejado una huella profunda en la historia política del país, que supera su propio (y profuso) aporte al pensamiento revolucionario boliviano, con algo de lo que aún ahora gozamos los bolivianos y es la formación política de jóvenes intelectuales que en su momento nutrían los debates de las universidades bolivianas con posiciones combativas teórica y políticamente bien sustentadas y que hoy, desde diversos ámbitos, siguen aportando a la reflexión del país con gran rigor académico.

Uno de esos seguidores de Lora es el periodista Ricardo Zelaya Medina, quien se ha dado el trabajo de recopilar distintas y diversas visiones autorizadas sobre Lora en entrevistas que ha sistematizado y a las que ha acompañado de dos ensayos –uno escrito por Raúl Prada y el otro por él mismo– para desafiar al país a reencontrar al líder del POR en un libro que ha llamado “Guillermo Lora, el último bolchevique”.

El libro fue un gran pretexto para entrevistar a Ricardo, un maestro del periodismo boliviano, que tuvo la gentileza de compartir algunas de sus experiencias al lado de Lora en aquellos años en los que las consignas como “respondemos a los reformistas y a los vendidos a la rosca que un proletariado de tal calidad exige reivindicaciones revolucionarias y una temeraria audacia en la lucha”, consignadas en la Tesis de Pulacayo, provocaban a buscar un país más justo y más equilibrado.

P. Guillermo Lora, el último bolchevique. Háblanos sobre tu libro.

Mi libro es parte de otro proyecto original que era la biografía de Guillermo Lora para el que he realizado 20 entrevistas a varios personajes cercanos, incluido el mismo Lora. Y como no he logrado concluir este proyecto en los tiempos en los que esperaba, en determinado momento se me ha ocurrido publicarlas, porque realmente era material muy valioso que corría el riesgo de perderse. Para publicar las entrevistas tenía que reducirlas, reenfocarlas un poco, editarlas, cuidando mucho el espíritu de lo que los entrevistados me habían contado, porque no estaban hechas para la publicación; eran entrevistas de investigación que contenían muchos elementos que de repente no son muy interesantes o se repetían mucho. He venido haciendo este trabajo de editarlas correctamente y de hacer una buena introducción desde abril hasta hace poco. A esto he sumado una invitación al (Raúl) Chato Prada para que actualice un artículo que escribió hace unos seis o siete años sobre Guillermo Lora y yo he hecho lo propio con uno que escribí por ese tiempo, con lo que se suman dos ensayos que intentan desentrañar el aporte de Lora. En eso consiste el libro.

Resulta ser un libro bien atrapante. Las pocas personas de las que he recibido ya un feedback, me han dicho que se lo han leído en un día o en dos porque es agarrador. Son testimonios, preguntas, respuestas, discusiones y cosas interesantes con los entrevistados. Está por ahí, por ejemplo, Filemón Escobar, que es medio hermano de Lora y enemigo político, sacándole la cresta a Guillermo; pero su testimonio se complementa muy bien con otros, como el de Rina Pérez, que fue la compañera de Lora durante 30 años y que, sin perder una mirada crítica, obviamente lo defiende y lo justifica. Cuando tu lees el libro te vas chocando con esas cosas. Y como Lora ha sido un tipo tan interesante, aunque muchos actualmente ya ni lo conozcan, tiene una personalidad y una historia cautivadoras. Ha sido un tipo excepcional, con una vida muy interesante, y eso es lo que jala.

P. Puede haber cientos de críticas y otros cientos de halagos, pero es indudable que Guillermo Lora es un hombre fundamental de la historia política reciente de Bolivia. ¿Cual, en la perspectiva de tu libro, es su aporte principal al país?

Hay varios aportes que yo creo que podríamos sintetizar en tres, que marcan una trayectoria de 25 años de lo que es la época dorada del trotskismo en Bolivia: el primero es, sin duda, la Tesis de Pulacayo, que se ha aprobado el 46; el segundo es la lucha que Lora ha llevado junto a los mineros bolivianos, por impulsarlos hacia la toma del poder y a la dictadura del proletariado: una cosa que parecía imposible en otros países –y que en la misma Bolivia tampoco parecía muy posible– llega a convertirse en una consigna casi en el orden del día en la Asamblea del Pueblo, que, antes de que venga el golpe de Banzer, estaba preparando una resolución para expropiar los medios de producción de la burguesía, lo cual era prácticamente la toma del poder por el proletariado; una verdadera revolución. Y también el rol que jugó en definir el porqué es posible ese tipo de revolución en Bolivia, de dilucidarlo teóricamente a la luz del marxismo. Lora ha hecho un ejercicio creativo del marxismo, lo ha adaptado muy bien a la realidad boliviana. Ha trabajado la realidad boliviana con el método del marxismo y eso le ha permitido tener una visión muy interesante, muy original y muy poderosa de la realidad boliviana.

P. Es muy difícil comprender Bolivia, con todas sus complejidades. Quizá por su análisis a partir del marxismo Lora tenía una lectura interesante. ¿Cómo veía el país? ¿Cómo lo entendía?

Básicamente, el eje del razonamiento de Lora consiste en, primero, establecer qué tipo de formación social es Bolivia. Hasta antes de la llegada del trotskismo al país se solía decir, en la izquierda, que Bolivia era un país feudal o semi feudal, dependiente del imperialismo, en una serie de caracterizaciones que Lora supera cuando señala que Bolivia es un país de economía combinada, pero básicamente capitalista atrasado y ligado a la economía mundial a través del capitalismo. Él señala que Bolivia no se puede explicar sin el imperialismo, ni el imperialismo se puede explicar sin sus colonias.

Lora da un paso hacia adelante en la caracterización de la formación social boliviana, lo que le va a permitir establecer que sí es posible hacer la revolución proletaria en Bolivia, porque en un país feudal no se puede hacer una revolución proletaria, se tiene que hacer una revolución capitalista, burguesa, o una revolución industrial. Él decía que Bolivia ya había llegado al capitalismo y lo había hecho tarde, por lo que ya no había tiempo para hacer un desarrollo capitalista en el país: el imperialismo ya se ha dividido el mundo, desarrollando sus propios países y penetrando con sus mercancías a los países de la periferia, con lo que los liquida, por lo que ya no van a poder desarrollarse.

Entonces, ¿qué tiene que ocurrir para que Bolivia se libere de esta opresión, de esta imposibilidad de desarrollarse? El proletariado tiene que tomar el poder y hacer la dictadura del proletariado. Eso era lo que plantaba Lora; decía que así el proletariado va a ser la clase social que va a cumplir las tareas que la burguesía no puede cumplir y al mismo tiempo va a cumplir sus propias tareas socialistas.

P. El hecho de que la Asamblea del Pueblo durante 1970 haya considerado aprobar la expropiación a la que te refieres fue, sin duda, un gran avance práctico en el planteamiento de Guillermo Lora. Pero, habiendo llegado tan lejos, además de los ya señalados, han tenido que haber otros factores que impidieran su avance y, finalmente, su consolidación en el país…

Si. definitivamente. Y si lo que queremos es preguntarnos qué errores ha cometido el POR, o el propio Lora, o cuál es su grado de responsabilidad en que esto no haya ido más lejos, tendremos que decir que Lora ha hecho mucha autocrítica sobre el tema de la Asamblea Popular. Él ha dicho que el POR se ha quedado perplejo, que no ha actuado rápidamente, que se ha confiado demasiado en el proceso revolucionario y que no le ha dado la importancia debida a la amenaza fascista. Entonces ha habido un error de apreciación del momento político, pero más allá de eso también ha habido otros factores.

El 85 llegaron los mineros a La Paz y pusieron en jaque a Siles Zuazo. El POR, justamente, era el partido que ideológicamente estaba presente en esa movilización con consignas como ‘salario mínimo vital con escala móvil’ o ‘los obreros al poder’. Yo recuerdo que un día, en una marcha, los mineros lo encuentran a Lora y él les dice: ustedes tienen que tomar el poder –les dice esto ahí, en la calle– y uno de los mineros le contesta: pero quien va a ser pues el presidente, a lo que él responde: no, no hay presidente, ustedes tienen que tomar el poder; el minero vuelve y le dice, vos tendrías que ser presidente; pero Lora no entendió que ya era su momento. No había nadie al frente, el gobierno estaba derrotado, el partido comunista estaba derrotado, Lechín estaba más o menos naufragando, tratando de contener el avance de los mineros, y el POR no asumió su rol en ese momento.

Sin embargo, más allá de esos errores, creo sinceramente que son más las luces que las sombras. No ha habido un tipo así, de esa talla, proporcionalmente al menos, en los países de la región: un pensador marxista tan creativo y tan imbricado con el movimiento obrero.

P. Tú has debido ser uno de los últimos periodistas que entrevistó a Lora antes de su muerte. Me gustaría que compartas la visión de Lora sobre el país en esa última entrevista.

Creo que la última entrevista fue el año 2006 –si no me equivoco– cuando sube al poder Evo Morales y yo voy a preguntarle a Lora qué le parece el hecho de que haya un nuevo gobierno, indígena, con nuevos paradigmas de izquierda, con muchísimo apoyo popular y cuando la gente creía que estábamos entrando al socialismo. Y ahí Lora señala con claridad que ese no era un gobierno socialista, ni mucho menos. Hace una caracterización en ese momento y dice que ese era un gobierno burgués disfrazado con poncho y ojotas.

Lo que Lora dijo en ese momento fue que el gobierno de Evo Morales era un gobierno de una facción de la burguesía y que este señor –Evo Morales– era un defensor de la propiedad privada y que iba a terminar en contra del pueblo que había votado por él por defender la propiedad privada. Ahí tenemos los resultados.

P. Las principales críticas –las más duras– han llegado del entorno de Lora y, claro, eso tal vez se deba al comportamiento un tanto sectario que caracterizó el último tiempo del POR. ¿Qué dices sobre esto?

A Lora se le ha endilgado mucho un sectarismo que quizá sea cierto en parte. Yo creo que Lora perdió flexibilidad política en los últimos años. Por ejemplo, se negó a participar en alguna elección, cuando tal vez podía haberlo hecho y hacer lo que hizo el año 47, que era una cosa fantástica: hizo un bloque entre el POR y la Federación de Mineros que llevó a Lechín como candidato a primer senador y a Lora como candidato a primer diputado. Los dos ganaron sus curules y, junto a otros seis dirigentes más, hicieron la brigada minera parlamentaria a través de la cual Lora usó la tribuna del parlamento para denunciar al estado rosquero; se dedicó a agitar aprovechando al máximo todos los recursos que le dio el curul y los puso al servicio del discurso revolucionario. Ese fue un avance muy importante. La Tesis de Pulacayo se irradió a todo el país y el pensamiento de Lora se hizo popular y conocido. Ahora, no es que se podía hacer exactamente lo mismo en el tiempo al que me refiero, pero se pudo haber hecho mucho.

En toda la recuperación de la democracia, Lora se niega a participar de alguna elección y empieza a repetir, un poco dogmática y sectariamente, la posición de que los explotados no participan del circo burgués electoral y ese tipo de cosas, que, si bien en principio son correctas, son tácticamente muy inflexibles y lo van aislando cada vez más.

Otro problema es su divorcio de la clase minera, que es la que lo ha conducido y la que él ha conducido a escribir las páginas más memorables de las luchas obreras de Bolivia. Pero a partir del golpe banzerista el POR pierde la mayor parte de su militancia minera y van quedando muy pocas unidades de militantes en las minas. Ahí se va quebrando todo.

P. ¿Y qué es lo que quiebra definitivamente al POR?

Ha sido muy duro para el POR el tema de la dictadura banzerista, sin duda. Pero el golpe definitivo ha venido con el 21060. La relocalización ha liquidado toda la base social del POR, lo poco de posibilidades revolucionarias que había en las minas ha quedado sepultado, liquidado, dispersado de manera casi permanente.

P. ¿Te animas a proponer cual sería la lectura de Lora, si estuviera vivo, sobre lo que está ocurriendo?

Nada más hay que releer los textos que ha producido durante los últimos tres años de su vida. Todos sus textos hablan de que la sociedad capitalista ha ingresado ya a la barbarie. Estamos en la barbarie. Esto del calentamiento global, esto de la desideologización de la sociedad, son parte de ese planteamiento; él tenía mucho cuestionamiento al internet, por ejemplo, decía que nos va a quitar la ideología, nos va a volver robots a todos.

Él iba evaluando todos esos síntomas y sacando la conclusión de que el capitalismo estaba conduciendo a la humanidad a la barbarie y seguramente hoy, esto del Covid, lo hubiera interpretado de la misma manera.

P. Por último, ¿por qué la gente tiene que leer tu libro?

Yo diría que la razón más importante para leer este libro es porque necesitamos recuperar nuestra memoria histórica. Creo que uno de los problemas que tenemos ahora los bolivianos es que nos hemos olvidado hasta de verdades elementales. Por ejemplo, miras al Facebook y todos insultan a Evo Morales, achacándole que es un socialista, un comunista; tú lees las declaraciones de Arce y de Choquehuanca y se proclaman socialistas. Estamos viviendo el engaño más grande de la historia. Esta gente del gobierno no es socialista, no es marxista, no quiere hacer la revolución social, no quiere liberar a Bolivia de sus problemas ni de sus cadenas; es gente que a título de socialismo está medrando del Estado burgués. Eso es lo que estamos viviendo. Y lo que tenemos que hacer es reeducarnos, ir a las fuentes, a las verdaderas fuentes como Lora, que es un tipo que ha luchado y que ha teorizado y que tiene en su propia historia una acumulación teórica que nos ayudaría a entender muchísimo mejor lo que está ocurriendo en Bolivia en este momento.

Yo creo que el más grande daño que le ha hecho el MAS a Bolivia es que la ha desideologizado, ha desacreditado la palabra socialismo, la ha mancillado, la ha pisoteado y ahora todo el mundo cree que socialismo es equivalente a corrupción, narcotráfico y tantas otras cosas más, cuando el socialismo es todo lo contrario.

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